Autora, Claro de luna, Ocaso, Opinión, Reflexiones de una escritora, Saga Los Guardianes

Fe de erratas en las novelas: todos somos humanos

¡Hola!

Nunca creí que acabaría escribiendo esto, pero tras publicar la segunda parte de la saga Los Guardianes, Claro de luna, ha pasado (y creo que, siendo una autora autopublicada, tarde o temprano tenía que pasar).

Y, es que, no hace falta ser un erudito del marketing ni un superventas de la literatura para saber que si eres escritor, no debes corregir tus propias novelas. Da igual lo bueno/a que seas corrigiendo otros textos (y que incluso parte de tu profesión te haga hacerlo), si corriges el tuyo propio, tu ojo es tu peor enemigo.

Dicho esto, en el último trimestre de 2018 (un año después de publicar Ocaso), me di cuenta de que el autocorrector de Word (y el propio Word) me habían jugado una muy mala pasada:

  • El primero porque en ocasiones el autocorrector detectaba errores que no eran (no muy grave porque al señalarse en rojo los veía); pero otra veces obviaba errores que sí lo eran.
  • El segundo porque hubo un tiempo que no funcionaba correctamente y cuando le daba al comando de “Guardar” (Ctrl+G) o a guardar directamente, el programa se cerraba solo. A veces lograba recuperar el documento y otras no, y cuando lo lograba, resultaba que no me había guardado ni el supuesto “autoguardado” del programa. Eso hizo que mi propia corrección de Ocaso fuera un auténtico caos.

Con estos dos puntos, decidí “retirar” la novela de su venta y, en lugar de corregirla de nuevo, se la dí a dos personas para que lo hicieran. Y aunque no había tantos errores (ortotipográficos, no de historia), sí que era necesaria una corrección externa.

La parte buena de todo esto, aparte de aprender cosas nuevas en el proceso de autopublicar una novela, es que las buenas críticas de Ocaso no cesaron y, pese a esos ligeros fallos que yo veía enormes, los lectores no los vieron del mismo modo y valoraron la historia por encima de ellos.

Me he sentido tan avergonzada de poner a la venta mi novela con tantos errores, con el miedo que conlleva que la juzguen por ellos en lugar de por la historia

Con esta premisa me dispuse a publicar Claro de luna; eso sí, tomándome el asunto con mucha más calma y retrasando su publicación, prevista para antes de la Navidad de 2018, hasta finales de marzo de 2019. Tras revisarla y maquetarla (ya hablaré en otra ocasión de los cambios finales que supone esto), le di la novela a una persona que se ofreció a corregirla sin ningún coste antes de que la publicara, y me salió rana. Tan rana que, tras tres eventos literarios vendiendo/sorteando la novela (Literania 2019, Lit Con Madrid 2019 y Feria del Libro de Madrid 2019), un lector me advirtió de los errores que tenía la novela. No voy a entrar en detalles de cuántos hay, pero sí hay dos principales que considero necesario señalar:

  • Un párrafo repetido en la pág. 140: sobra el segundo.
  • Una frase que no encaja (y que es crucial para el desarrollo del resto de la historia y libros posteriores) en la pág. 114: “camada de seis bebés, como los seis elementos de Atanasia” (y a continuación una enumeración de 4). La frase correcta es: “camada de seis bebés, bendecidos por los cuatro elementos de Atanasia”.

También hay otros errores como repetición de palabras y ausencia (unas cuantas) de preposiciones. Errores que yo debería haber identificado en primer lugar, y errores que “la correctora” también tendría que haber visto. En cualquier caso, me veo en la obligación de pedir disculpas a todos aquellos que compraron o ganaron Claro de luna, por tener (y leer) una copia que no nunca debería haber visto la luz.

De esta experiencia he aprendido que, si se quiere un solo corrector, bien, pero hay que procurar leer de nuevo bien la novela que has escrito. También he encontrado a otra correctora que estaba tan cerca de mí que no la vi: mi madre (¡De ella me viene mi gen rastreador de errores!). Porque sí querido lector, tengo tal gen rastreador que en el trabajo me llaman “Rastreator”. Y quizá por este mismo motivo me he sentido tan avergonzada de poner a la venta mi novela con tantos errores, con el miedo que conlleva que la juzguen por ellos en lugar de por la historia.

Aprovecho esta reflexión para pedir mis más sinceras disculpas y comentar que si tú eres uno de esos lectores que tiene la versión del párrafo duplicado en la página 140 (lo más fácil de identificar si tienes la edición errónea), por favor, ponte en contacto conmigo y te enviaré gratis la versión corregida en digital.

Gracias y lamento las molestias.

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