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‘Sensitivity readers’, ¿cultura de precaución o censura?

En el proceso de edición de un libro hay muchas personas implicadas: correctores, maquetadores, ilustradores, editores… figuras del engranaje editorial que hacen que un libro quede lo más perfecto posible. Entre ellos, la más reciente es la figura del sensitivity reader (o lectores de sensibilidad).

Un sensitivity reader es un lector beta que revisa manuscritos no publicados en busca de imprecisiones culturales, problemas de representación, sesgos, estereotipos o lenguaje problemático, con el fin de garantizar una mejor representación de colectivos determinados y mejorar la calidad del libro. Es decir, revisan cualquier cosa que puedan ofender las sensibilidades arbitrarias o transgredir las fallas invisibles del momento. Serían el equivalente a los fact checkers históricos o técnicos, encargados de indicar al autor de ficción con ambientación histórica o científica en qué puntos tiene expresiones que no se ciñen a la realidad o equivocadas.

Los ‘sensitivity readers’ revisan cualquier cosa que puedan ofender las sensibilidades arbitrarias o transgredir las fallas invisibles del momento

A medida que la diversidad en la literatura se vuelve cada vez más demandada (y necesaria), es importante que los personajes se representen con precisión, tal y como me contaron los colaboradores del artículo sobre Literatura LGTB+. De este modo, para los editores, los sensitivity readers pueden evitar la bochornosa situación de cancelar el lanzamiento de un libro a espaldas de una disculpa pública porque alguna parte del contenido sea ofensiva. Fue el caso, por ejemplo, de Blood Heir de Amélie Wen Zhao, que canceló inicialmente su publicación en verano de 2019 debido a las críticas sobre la forma en que su novela (de fantasía) recreaba la opresión y la esclavitud de la comunidad afroamericana, y que acabó en acusaciones de insensibilidad racial, entre otras cosas. Otro caso fue el de The Continent de Keira Drake, cuya publicación se retrasó a tan solo ocho semanas antes de su fecha de lanzamiento.

No obstante, el trabajo de los sensitivity readers no está exento de polémica. En primer lugar, hay quienes piensan que, con ellos, el sector editorial busca ser políticamente correcto, censurando el trabajo del autor. A los que se oponen a esta nueva figura del engranaje editorial, les preocupa que estos lectores controlen la expresión del pensamiento del autor, resultando en historias homogéneas que temen tocar temas complejos, creando un mundo esterilizado de libros en el que no se puede utilizar un lenguaje controvertido y que iría en contra de lo que debería ser la escritura creativa.

A medida que la diversidad en la literatura se vuelve cada vez más demandada, es importante que los personajes se representen con precisión

Otro motivo que preocupa es que estos sirvan para determinar qué debe o no debe publicarse. Que los sensitivity readers tengan más poder en los géneros donde los escritores deberían tener, quizá, mayor libertad y que, con él, se evite la publicación de ciertas obras. Es decir, que censuren la creatividad del autor. Además, uno o dos sensitivity reader que trabajen sobre una novela con previsión de publicarse no representan a todo un colectivo determinado, por lo que podría darse el caso de que, aún habiendo sido revisada, genere fuertes críticas y el autor se escude en estos lectores para no salir escaldado de la polémica.

Sobre estos conflictos que existen en torno a esta figura, voy a rescatar algunas declaraciones de las entrevistas para el artículo sobre Literatura LGTB+ antes citado (y que mencionaron para explicar la necesidad de hacer una buena representación del colectivo LGTB+ en la literatura): “No censuramos de ningún modo, solo aconsejamos y asesoramos al escritor o a la editorial sobre personajes escritos por una persona que no forma parte del colectivo discriminado que quiere visibilizar con ellos”, me decía Arturo Urbanos, escritor y también lector de sensibilidad. Los lectores de sensibilidad son “personas que viven esa realidad que le escritore quiere reflejar y le dirán si su representación es correcta o necesita cambiar cosas para ajustarse y ser respetuose con quienes conviven con esa realidad en su día a día. Esto vale para gente del colectivo o cualquier otra temática”, explicaba Gadreel Mills.

Yo, personalmente, soy de las que piensa que todo lo que sea ayudar para que una novela tenga la mayor calidad posible en todos los aspectos (y en especial en aquellos que pueden resultar ofensivos para alguien), bienvenido sea. Si los fact checkers son una opción a disposición de un autor que requiera revisar la ambientación histórica o científica de su manuscrito, ¿por qué no iban a serlo los sensitivity readers?

Me gustaría conocer tu opinión acerca de este tema. ¿Qué piensas? ¿Cultura de precaución o censura? Cuéntamelo en los comentarios.

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