Autora

Desconecta

“La clave para una vida feliz es aceptar que uno nunca tiene el control”, es una de las frases más míticas de Jurassic Park o, al menos, una de las que yo más recuerdo. Y, es que, soy de esas personas que necesita tener todo bajo control y que, cuando no lo tiene, el nivel de estrés se pone por las nubes 😥.

No soy una obsesa del control (bueno, quizá sí 🤫), pero la mayor parte del tiempo (este factor al que yo le doy muchísima importancia), mi mente controladora hace que todos los engranajes que componen mi vida funcionen correctamente. Y eso me hace sentir, por lo general, muy bien 😊. El problema está cuando, por circunstancias (ajenas a mí o no) noto que hay cierto control que se me escapa y entonces el estrés (esa cosa a la que la gente no le da mucha importancia pero que en realidad es muy importante) comienza a invadir mi cuerpo y, sobre todo, mi cabeza.

Ante esta situación, la experiencia me dice que desconectar es la solución, pero suelo negarme a hacerlo porque siento que no debo. Es ahí cuando mi cuerpo y mi cabeza me dicen que pare. Y si ellos hablan, yo paro. Y tú deberías hacerlo también. Seguro que sabes de lo que te hablo; de la sensación de que no llegas, de que te ahogas en aguas embravecidas y de que si paras fallarás. Pero no es cierto. ¿Y sabes por qué? Porque casi todo vuelve a funcionar si lo desconectas un momento. Incluso tú. Incluso yo 🤭.

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