Autora

¿Qué hace una ambientóloga autopublicando en la insostenible Amazon?

Existen diferentes plataformas de autopublicación (Kindle Direct Publishing, Bubok o Lulu) a través de las cuales podemos ver nuestros libros tanto en papel como en digital y también existen diferentes empresas que ofrecen servicios editoriales (que no son editoriales aunque quieran hacerte creer que sí). Además, como cada negocio (incluidos los de comercio electrónico) pueden ser más o menos sostenibles. Quizá no son muchos quienes se preocupen por el impacto que los productos que consumen tienen en el medioambiente, pero yo soy ambientóloga (estudié Ciencias Ambientales) y es algo que sí me preocupa.

Tal y como le sucedió a Alberto Vizcaíno con su libro “Pero… ¿tiene arreglo?: 10 años de reflexiones sobre sostenibilidad”, decidir autopublicar mis libros en Amazon (Kindle Direct Publishing, KDP) no fue una decisión fácil. El coste de la autopublicación es elevado, y no hablo de lo económico, sino también del todavía desprecio que muchos le hacen a los libros autopublicados. Además, como ambientóloga, saber que el modelo de negocio de este gigante de internet no tiene muy en cuenta los riesgos ambientales, era un poco ir en contra del planeta.

Como ambientóloga, saber que el modelo de negocio de este gigante de internet no tiene muy en cuenta los riesgos ambientales, era un poco ir en contra del planeta

Y, es que, no mucha gente es consciente de cuál es la huella ambiental de comprar un producto a través de internet y recibirlo en veinticuatro horas. De hecho, en 2017 Greenpeace USA publicó el informe “Clicking Clean: ¿Quién gana la carrera para crear un Internet verde?” en el que analizó, entre otras cosas, las huellas energéticas de varias empresas tecnológicas entre las que se incluían Amazon, Netflix o Apple, y en el que la compañía de Jeff Bezos no salía muy bien parada. A partir de ahí, Amazon se comprometió a tener un modelo de negocio mucho más sostenible y respetuoso con el medioambiente, pero en 2018 su huella de carbono fue de 44,4 millones de toneladas de CO2, lo que era mayor que la de nueve de los veintisiete países de la Unión Europea en ese momento, según recogió El País con datos de la propia empresa (yo publiqué Ocaso en octubre 2017 y Claro de luna en marzo de 2019).

Centro Logístico de Amazon España en San Fernando de Henares (Madrid). Fuente: Wikipedia/CC.

Dos años después, y según publican en su Informe de Sostenibilidad, aseguraban haber logrado “reducir significativamente la intensidad de las emisiones de carbono” de sus actividades, gracias a su inversión en soluciones de descarbonización a gran escala y largo plazo. Sin embargo, al mismo tiempo que la actividad empresarial de la compañía crecía significativamente, también aumentaban sus emisiones absolutas de carbono en “un 19% durante el mismo periodo”, aunque las medidas de sostenibilidad redujeron su intensidad de carbono (emisiones por dólar) durante ese mismo año, según indica también dicho informe.

Pese a esta realidad ambiental de Amazon, autopublicar mis libros a través de su servicio sigue siendo mi primera opción. No descarto enviar, en un futuro, alguno de mis nuevos proyectos a alguna editorial, pero la autopublicación con KDP siempre será el modelo de publicación más cómodo para mí, especialmente por la impresión bajo demanda, que siempre será mejor que tener cien o ciento cincuenta ejemplares cogiendo polvo en un almacén porque esa era la cifra que una “editorial” exigía imprimir en la primera tirada (y además costeados por ti). Además, cabe señalar que, aunque se publique con una editorial, es muy probable que el libro acabe en Amazon igualmente gracias al gran escaparate que supone, de manera que la huella ambiental de todo el proceso del libro (que se sumaría la ya generada por la editorial más la de la comercialización de Amazon) podría ser incluso mayor.

Debate aparte es la competencia desleal que Amazon hace a las librerías (que forman parte del consumo de producto local y de proximidad), y las pegas que estas suelen poner a la venta de libros autopublicados en sus establecimientos (aunque hay excepciones como la librería Vallgut en Granada); pero lo que no se puede discutir es que Amazon ha abierto la puerta del mundo editorial a muchos escritores.

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