Escritores, Yersey Owen

Confesiones de una escritora en crisis

Esta es sin duda la cosa más difícil que he escrito en toda mi vida. El primer paso de toda rehabilitación es admitir que tienes un problema y yo lo tengo. Habrás deducido por el título que lo que voy a contarte aquí difiere mucho de lo que has estado leyendo en post anteriores en los que te contaba cómo las excelentes cifras de la web en 2021 y las cosas literarias que me sucedieron ese año me hicieron muy feliz. Pero esos momentos fueron pequeñas luces vistas desde el fondo de un pozo en el que no sabía que había caído. O sí, pero lo negaba.

Cuando me paré a pensar qué había hecho durante los últimos meses y qué es lo quería hacer en los próximos, me di cuenta de la crisis «escritoril» que llevo atravesando demasiado tiempo y, lo confieso, no es nada fácil contarte todo lo que viene a continuación.

El quiero y no puedo (pero a lo mejor es que ya no quiero)

2021 fue un año de no parar de escribir, pero ninguna novela ni relato. Puedo decir orgullosa que trabajo de lo que gusta: escribiendo sobre medioambiente, más concretamente, sobre agua (te recuerdo que soy Licenciada en Ciencias Ambientales). Además, desde septiembre de 2020 hasta julio de 2021 estudié un Máster de Periodismo y Comunicación de la Ciencia, Tecnología, Salud y Medioambiente (un campo en el que siempre quise formarme), y ahí tuve que darle a las teclas muy duro. Así que entre el trabajo, el Máster y esta web, he estado escribiendo muchísimo, pero no he avanzado ninguno de mis proyectos literarios: ni terminar de corregir y rematar la tercera y última parte de Los Guardianes (acabada en 2018); ni terminado el borrador de su precuela (que está empezada); ni acabar la novela corta de corte fantástico sobre el cambio climático (que está a la mitad y quería publicar en Wattpad); ni plantear todas las ideas que me han ido viniendo a la cabeza para futuras novelas; y ni un solo relato para presentar a concursos. Un completo desastre.

Otra cosa que arrastro desde diciembre de 2019 en un terrible dolor en el hombro izquierdo que deriva en un hormigueo constante de tres dedos de la mano izquierda y que, más veces de las que me gustaría, se entumecen y me cuesta moverlos. Es una sensación difícil de describir delante de unos médicos que, tras hacerte numerosas pruebas, concluyen que es a causa del estrés (y tienen razón). Alguna pastilla de vez en cuando y una férula de descarga mientras trabajo o duermo me han ayudado mucho, pero no termina de irse. Así que desde entonces me he dicho a mí misma que he escrito lo que he podido: trabajo y estudio (dos cosas imprescindibles y necesarias para mí) y esta web (que también es imprescindible y necesaria para mí, pero que a lo mejor podría haberla llevado a un ritmo menor).

Quiero pensar que todo ello han sido buenas razones para posponer algo que me apasiona, aunque no lo haya parecido estos últimos doce-dieciséis meses. El trabajo que tengo y el Máster que hice (que implica querer seguir aprendiendo y mejorando en lo que hago cada día), son dos cosas absolutamente fantásticas en mi vida que me hacen sentir muy orgullosa de mí misma, y de lo del brazo no puedo hacer otra cosa que vivir con ello (hasta que aprenda a gestionar mi estrés. Estoy en ello, lo prometo). Sin embargo, no puedo evitar pensar también que solo han sido mis «excusas de peso» para apartar la escritura literaria por los miedos que han vuelto, unos nuevos o algo más profundo que todavía no he explorado (o no me atrevo a hacerlo).

Sé cuáles son mis pretensiones literarias y no necesito ayuda (o a lo mejor sí)

Escribir mejor implica leer más; no solo literatura como tal y especialmente el género en el que se enmarca tu escritura. Me refiero a manuales de escritura con maravillosos consejos y técnicas que te ayudan a ser más eficiente en todos los aspectos. En mi biblioteca particular tengo unos cuantos de esos manuales a los que no les he sacado el partido que debería ni les he dedicado el tiempo que requieren. Sí, sí, ya sé que he dicho muchas veces que tiempo es lo que más me hace falta, pero a la vez hago (o hacía) demasiadas cosas; y yo, que por norma general soy una persona muy organizada y metódica, en el ámbito literario me he convertido en un auténtico caos.

Creo que la solución a ello es evitar de una vez por todas que esos manuales sigan cogiendo polvo en mi biblioteca (bueno, no literalmente, porque paso el polvo muy a menudo). En este mundo literario hay gente que sabe mucho y era hora de empezar a escucharles (o mejor dicho, a leerles). Es por ello que durante mis vacaciones navideñas me puse las pilas con ellos y, lo reconozco, me han ayudado en ciertos aspectos que tenía muy descuidados. Pero aún me queda mucho trabajo por hacer.

Además, también hay gente estupenda que ha creado comunidades literarias en las que se ayudan entre sí para sacar adelante los proyectos literarios de cada miembro: cursos y charlas que tengo intención de apuntar en mi agenda para no perdérmelos y sacar el máximo partido a mi pluma (si es que me queda algo de tinta). Una de ellas es la de Adella Brac, cuya newsletter titulada ¿Alguna vez has pensado en abandonarlo todo? llegó en un momento preciso (no dejes de suscribirte a ella, por cierto); o la de Ana González Duque, de Marketing Online para escritores, a quien admiro y te recomiendo que sigas muy de cerca si quieres sacarle partido a esto de escribir.

Me siento orgullosa de lo que hago (pero a lo mejor no tanto)

Hace unos meses, cuando Ocaso llegó a la tienda 3Meeples de Tres Cantos en Madrid, me propusieron ir a presentar el libro a las personas que forman el club y a hacer una charla sobre la autopublicación, pero de momento no va a suceder. ¿Por qué? Porque me entró el pánico. «¿Y si no va nadie?» «¿Y si a nadie le interesa?» «¿Qué voy a contar?»; una especie de síndrome del impostor que me decía «Tú no tienes nada que decir» sobre el que pretendo charlar más adelante en este proceso de sanación que creo haber comenzado escribiendo estas palabras.

Pese a que suelo sentirme orgullosa de lo que hago (porque creo que así hay que sentirse cuando pones todo tu esfuerzo en algo y lo logras), mucho más que antes esa voz impostora me pregunta «¿De verdad te sientes orgullosa de tu faceta literaria? Y sí es así, ¿por qué siempre hablas vergonzosa y con la boca pequeña sobre ello?» ¡Pues yo qué sé! A lo mejor es que en el fondo sé que no me esfuerzo todo lo que debería y, por ello, no soy lo suficientemente buena como para escribir algo que le guste a alguien. O sí, porque he recibido buen feedback de lo que hago, pero no dejan de asaltarme las dudas una y otra vez, no dejo de sentirme estancada y al final sigo hecha un lío.

Tal vez esta solo sea una época en la que los costes de ser escritora están pasando demasiada factura; una transición hacia un nuevo camino o el momento decisivo en el que hay que decidir si abandonar por completo el barco o darlo todo contra viento y marea hasta que las aguas vuelvan a su cauce. Solo el tiempo lo dirá.

2 comentarios en “Confesiones de una escritora en crisis”

  1. Yersey, te felicito por el valor de admitir aquellos que solamente las y los grandes lo tienen. Permíteme asegurarte que el «bloqueo de escritora» es absolutamente temporal y que algo que cambies en tu actual tren de vida -no lo sé ni es mi propósito recomendar cuál- te encarrilará de nuevo. A todas y a todos nos sucede. De veras. Ahora sí, un consejo: DEJA TODO. Ambrose Bierce escribió que «el arte es una amante celosa». Déjalo todo (Obviamente, respecto a lo literario, no digo que renuncies a tu empleo ni tus ingresos). Olvida tu blog, tus redes, tus proyectos en otras plataformas, a tus lectores. Abandona cualquier otra rutina que no sea escribir tus obras. Aunque no te sientas inspiradas, aunque no lo retomes donde lo dejaste ni con la enjundia que sentías tener al redactar aquello que reencuentres. Aunque mueras de vacío porque no puedes continuar la escritura. Lógicamente, despójate de cualquier otro pensamiento: «No soy tan buena», «nadie me lee en realidad», «qué caso tiene»; despójate de CUALQUIER pensamiento que no sea alrededor de tus piezas narrativas. En otras palabras, un atisbo de remedio: Quédate a solas con tu obra. En serio a solas. Abrazo, Yersey y que te repongas de tu dolencia neurálgica…

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    1. Muchas gracias por tus palabras, Alejandro. Escribí este texto a primeros de diciembre, así que llevo dos meses centrada más en mis proyectos literarios que en esta web, en parte porque tenía la mayoría de los contenidos programados desde entonces. No sé si se trata de un bloqueo de escritora porque ideas no me faltan; creo que es algo más profundo, una cuestión de prioridades que han ido cambiando conforme mi vida ha cambiado (a mejor eso sí). Egoístamente, siempre he pensado primero en mí y luego en mis lectores, porque si yo no estoy bien, lo que escriba para ellos tampoco estará bien. Por suerte, unas palabras parecidas a las tuyas me las dicen en casa cada día, que me apoyan con todo su empeño e insisten en que no abandone y no me rinda. Implementé ciertas rutinas en mi vida que me ayudaron a ponerlo todo en orden, pero se vieron interrumpidas por un covid que me dejó. k.o durante dos largas semanas. Ahora, coincidiendo con la publicación de este texto las cosas van volviendo a su cauce y me siento con fuerzas para continuar con mi nuevo plan literario. Seguiré informando. Gracias otra vez. Un abrazo. 🙂

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