Escritores, Más literatura

La corrección literaria: más allá del autocorrector

La función F7 del teclado dentro del programa Microsoft Word es uno de los recursos más a mano que tiene un escritor para comprobar cuantas “patadas al diccionario” ha dado durante su proceso de escritura y, en la mayoría de las veces, el resultado tras el escáner ortográfico y gramatical es bastante satisfactorio, pero no infalible. Ni las máquinas ni los humanos lo son, pero estos últimos gozan de dos características que la imparable evolución tecnológica carece: inteligencia emocional y sentido común.

Dentro del proceso editorial que compone la publicación de un libro en el que intervienen importantes —e infravaloradas— figuras como la de los ilustradores para la portada o los traductores si procede, existe otra que, incluso, podríamos decir que es la más importante tras la del escritor: la del corrector.

En su punto, por favor

De la misma forma que cuando compramos una bandeja de magdalenas esperamos que no estén crudas, cuando leemos un libro también queremos que el horno lo haya cocinado a su punto para poder devorarlo. O, dicho de otra forma, que esté lo más trabajado y pulido posible; y no solo en lo referente a la historia, sino al texto en sí. Esta labor recae sobre la figura del corrector, tan temida por algunos escritores como infravalorada por algunas editoriales, pero una inversión más que justificada si se desea ofrecer un producto cuidado y de calidad: “Es una figura imprescindible en cualquier editorial que se precie”, dice Xavier Beltrán, corrector de novelas de Versátil Ediciones y cómics de Bang Ediciones; “Reconozco que es una inversión significativa, pero es la única manera de asegurar unos mínimos de calidad”, asegura Esther Magar, que colabora con algunas editoriales y trabaja especialmente con autopublicados.

La corrección es una inversión más que justificada si se desea ofrecer un producto cuidado y de calidad

No importa si hablamos del proceso de publicación de un libro dentro de una editorial o si lo hacemos de alguien que está ejecutando ese mismo proceso por su cuenta, es decir, mediante la autopublicación, las diferencias entre ambas vías ya han sido explicadas con anterioridad en muchas ocasiones, pero lo que no se cuenta es lo que tienen en común —además del objetivo final de publicar un libro, claro—: ante la falta o recorte de presupuesto, la corrección es en la mayoría de los casos la primera de la lista en desaparecer.

Igual que el balón era el mejor amigo de Oliver Atom (Tsubasa Ozora) en la serie de anime y manga Captain Tsubasa, el corrector del Word también es el mejor amigo de los escritores, pero no es suficiente. El mejor amigo de un escritor ha de ser un corrector. ¿La razón? Word no detecta el contexto de las palabras, la dualidad en el significado de algunas palabras o la tilde diacrítica, por poner algunos ejemplos. Son necesarios unos ojos frescos y entrenados: “Este trabajo no es algo fácil ni que pueda hacer cualquiera desde su casa sin conocimientos, manuales y solo con el corrector de Word”, dice Silvia M. Díaz, responsable de Comunicación de una empresa de Mallorca que está empezando a sumergirse en el sector de la corrección literaria, y matiza que, si bien hay personas que no pueden permitirse pagar para que alguien corrija su texto, esto no significa que ese texto vaya a estar fatal, «pero sí que está bien tener esas herramientas y poder actuar con ellas para que todo sea más fácil para escritor y lector». En este sentido, hay quienes a esa maravillosa tecla F7 le añaden los ojos de “un colega” al que se le da bien la gramática y, aunque el resultado final también parezca bueno, aquí va un spoiler: sigue sin ser suficiente. “Las personas piensan que con «pasárselo a alguien que sepa de gramática» ya vale, pero no es así”, comenta Pirra Smith, que ha corregido varias novelas, antologías, cuentos y libros de no ficción.

Ante la falta o recorte de presupuesto, la corrección es en la mayoría de los casos la primera de la lista en desaparecer

Por supuesto, el resultado final del libro dependerá de la inversión que editorial o escritor —en el caso de optar por la autopublicación— estén dispuestos a hacer y de la conformidad con el producto que quieren ofrecer al consumidor final, es decir, los lectores. Si la razón, en el caso de la editorial, es aumentar catálogo con la filosofía de “mejor cantidad que calidad” y, en el caso de la autopublicación, con el pensamiento de “yo solo quiero publicarlo y ya”, sin preocuparse del cuidado del producto, no hace falta decir que el resultado final dejará bastante que desear.

“Dar cera, pulir libro”

“Tener ambición sin conocimiento es como un barco en tierra firme”, le dijo el señor Miyagi a Daniel en Karate Kid. No se trata solo de querer las cosas, sino de llevarlas a cabo de la mejor manera viable y, en el caso de la publicación de un libro, la corrección es una pieza más. Permíteme decir que además es de las gordas.

Corregir un texto no es solo detectar las faltas de ortografía y eliminar erratas; corregir es una tarea profesional que requiere conocimientos de lengua y capacidad analítica. Su trabajo es más profundo de lo que parece y, permíteme que insista, no puede ser sustituido por una simple función informática. “La mayoría de la gente cree que los correctores prácticamente nos dedicamos a quitar comas y poner tildes, pero eso solo es la punta del iceberg. El corrector también entra cuando el autor tiene un párrafo que rompe la sintonía de su propia obra”, dice Leticia Tello, correctora en Alexia, Cherry Publishing y Círculo Rojo.

Corregir es una tarea profesional que requiere conocimientos de lengua y capacidad analítica

La corrección es un trabajo exigente que requiere muchos conocimientos, concentración y horas de dedicación. Calcular el tiempo que puede llevar es casi imposible, pues dependerá de lo pulido que esté el texto y del tipo de corrección que requiera: ortotipográfica o de estilo. En el caso de la primera, la ortotipográfica, la corrección se centra en revisar el texto palabra por palabra atendiendo a errores ortográficos, de puntuación, concordancias en estructuras básicas, recursos tipográficos, diálogos, etc., y suele costar entre 0,70 céntimos y 1,10 € por cada mil matrices. En cuanto a la corrección de estilo, esta pretende mejorar la sintaxis, evitar repeticiones o solventar inconsistencias sintácticas, pero nunca —y esto que quede muy claro— pretende sustituir un texto. Su precio, superior al de la ortotipográfica, oscila entre 1,20 y 1,70 € por cada mil matrices, y suelen depender del tiempo que el corrector estime que le va a llevar la corrección mediante una prueba de escritura.

Además, cada profesional de la corrección literaria tiene su propio método de trabajo, haciendo entre dos y cuatro repasos al texto que cae en sus manos y dialogando con el autor o la autora para pulirlo lo máximo posible y con el tiempo que requiera. Como diría el dramaturgo español Antonio García Gutiérrez (1813-1884), “Quien quiere acertar, aguarda”, y las prisas nunca fueron buenas: “Las jornadas maratonianas llevan a cometer muchos errores, y que cometa errores no es bueno para que yo mantenga mi negocio ni para ti como escritor/a”, cuenta L. M. Mateo, correctora profesional freelance que, además, acaba de autopublicar PEPU: Pesadillas de estilo que producen urticaria.

La corrección es un trabajo exigente que requiere muchos conocimientos, concentración y horas de dedicación

Obviamente, los correctores tampoco son perfectos. Hay que recordar que son humanos, como tú y como yo y que, como tales, pueden cometer errores. De hecho, en libros publicados por grandes editoriales, que suelen tener varios correctores para un mismo texto, también pueden verse errores. “Siempre les recalco a los clientes que una corrección es un proceso para mejorar su texto, pero nunca lo va a dejar perfecto. Los correctores somos seres humanos, y siempre hay algo que se nos escapa. Su libro no va a quedar impoluto. Por eso es importante que, si se deciden a colaborar conmigo, tengan la confianza para trabajar y dialogar sobre su manuscrito y las correcciones que realice”, comenta Ana Escudero, correctora de Ayaxia Ediciones durante cinco años y que ahora ofrece sus servicios literarios desde su propia web.

Los ninjas de la literatura

Flexibles, ágiles e invisibles de cuerpo e inteligentes, estratégicos y resolutivos de mente son las características de los ninjas, pero también podrían ser las de los correctores. Cuando cogen un texto no solo aplican las normas establecidas por la RAE, también conocen los usos que le dan a una lengua su carácter genuino —flexibles—; son capaces de dotar al texto de una riqueza léxica —ágiles y estratégicos—; utilizan mecanismos para conectar o separar ideas —resolutivos—; y consiguen que un texto luzca sin que se note que estuvieron ahí —inteligentes e invisibles—. Tal y como comenta Noa Velasco, que ha realizado la revisión de la localización en castellano del videojuego Orwell’s Animal Farm (Nerial) y la corrección de estilo de Trucos infalibles para pulir textos de Raquel Marín Álvarez (Editorial Gustavo Gili), “es lo más parecido a ser un ninja. Entras, haces tu trabajo y te vas. ¡Buuum! [Arroja una bomba de humo]. Arreglas los problemas y nadie sabe que estuviste ahí”.

En libros publicados por grandes editoriales, que suelen tener varios correctores para un mismo texto, también pueden verse errores

“El público general cree que una novela sale al mercado tal como la escribe su autor, pero hay muchos pasos entre una cosa y otra. Somos una pieza muy necesaria para que una obra vea la luz en su mejor versión”, dice María R. Coco, correctora por cuenta ajena. Sin embargo, al contrario de lo que se pueda pensar, el corrector nunca sustituirá al escritor. Esto viene del temor infundado de este último de que, si contrata una corrección de estilo, el corrector lo hará desaparecer a golpe de control de cambios. Nada más lejos de la realidad, lo que los correctores hacen es conseguir que el libro luzca similar al original, pero libre de errores. Como si nunca hubiera pasado por sus manos, pero reconociendo —esto siempre y que no se olvide nunca— que sí lo ha hecho.

Dicen que no hay que dejar que nos cuenten las cosas, sino vivirlas, y esto también puede aplicarse a la corrección. Y, es que, una vez un texto pasa por las manos de uno se descubren dos cosas muy importantes: será una auténtica experiencia de aprendizaje para el escritor y jamás se querrá volver a prescindir de ella.

2 comentarios en “La corrección literaria: más allá del autocorrector”

    1. Muchas gracias, Alejandro. En general falta ese tipo de cultura en todas partes. En España sigue estando bastante infravalorada, especialmente entre los que se deciden por la autopublicación, pero parece que la tendencia está cambiando. Saludos.

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