Escritores

Mientras escribe Stephen King, aprendemos los demás

Stephen King no necesita presentación. O lo amas o lo odias (yo soy de las primeras). Crecí literariamente con él porque una de mis tías tenía (y tiene) una gran colección de sus libros y hasta recuerdo el primer libro que leí de él: Los ojos del dragón. Sí, justo uno que no es de terror, de lo que el señor King es maestro, pero luego le siguieron Las cuatro estaciones, La milla verde, La larga marcha o El cazador de sueños, entre otros.

Dicho esto, ya amaba la pluma de King antes incluso de que viniera a mi mente esto de escribir, así que para mí Mientras Escribo es de lectura obligatoria si se quiere mejorar en la formación como escritor, incluso si no se es fan suyo.

Cuando lo leí por primera vez hace años, fue por mera curiosidad; quería entrar en la mente de uno de mis escritores favoritos. Sin embargo, acudí a él de nuevo en plena crisis de escritora, buscando motivación de alguien que no me conoce, pero me comprende.

El libro, que dedica parte de sus páginas en su infancia y en cómo despertó en él el interés por escribir, se centra en el oficio de escribir y las herramientas básicas exponiendo sus opiniones de una manera clarificadora y útil, huyendo de esos extensos manuales a los que, según King, «les sobra paja y tonterías».

La caja de herramientas

«Para sacarle partido a la escritura hay que fabricarse una caja de herramientas, y luego muscularse hasta poder llevarla»

Stephen King

Como cualquier otra profesión, la del escritor también tiene una serie de herramientas con las que ejercer. Según Stephen King, la caja de herramientas de un escritor se compone de cuatro niveles:

  1. Vocabulario: sin complicaciones. La primera regla del vocabulario, dice, es usar la primera palabra que se nos haya ocurrido, siempre y cuando esta sea adecuada. Buscar palabras complicadas por vergüenza a usar las habituales es una de las peores cosas que podemos hacer como escritores. Y, además, añade que no debemos hacer ningún esfuerzo consciente por mejorarlo; ya lo hacemos mientras leemos.
  2. Gramática: de nuevo, King aboga por la simplicidad. Sujeto (nombre) + Predicado (verbo) es nuestro mejor amigo.
  3. Manual de forma y estilo: en resumen, King aconseja la voz activa frente a la pasiva, desconfiar de los adverbios y no inflar los verbos de atribución (en los diálogos, el dijo es fantástico).
  4. Escribir.

Siempre he sido amiga de lo simple, pero al estudiar de nuevo la caja de herramientas de King, me di cuenta de que pecaba de algunas cosas que no debía hacer (como los adverbios y la inyección de esteroides al verbo de atribución por miedo a que los lectores no entendieran lo que quería decir en el diálogo).

Escribir

«Si quieres ser escritor, lo primero es hacer dos cosas; leer mucho y escribir mucho«

Stephen King

Según explica en el libro, escribir bien consiste en entender los fundamentos y llenar la tercera bandeja de la caja de herramientas (la de forma y estilo) con los instrumentos adecuados. Para ello, hay que leer mucho (y si es prosa mala, aprenderemos más). Leer es el centro creativo de la vida de escritor, y si no tenemos tiempo de hacerlo es que tampoco tenemos tiempo (ni herramientas) para escribir. Así de sencillo.

En cuanto al ritmo de escritura, King dice ser de los lentos (unas 2.000 palabras al día) y que la primera redacción de un libro no debe llevar más de tres meses, pero cada escritor es un mundo y hay que recordar que su trabajo nutricional es escribir libros. Los que sí lo tenemos y escribimos sin que esto nos pague las facturas (de momento), debemos encontrar la forma de organizarnos para ser lo más productivos posible con el tiempo que tenemos. Una vez escrito el primer borrador, recomienda hacer hasta tres revisiones (la primera de ellas seis semanas después): ortografía e incoherencias, resonancia y repaso final.

Del proceso de escribir que aborda en el libro, y del que no me voy a explayar para que lo explores tú, hay un par de puntos que me llamaron mucho la atención:

  • Su desconfianza hacia los argumentos: para King, todos los relatos se componen de narración, descripción y personajes, dejando fuera a la trama. A ello, añade que «el esquema argumental es el último recurso del escritor, y la opción preferente del bobo», considerando que la historia que nazca de algo excesivamente planificado tiene muchas posibilidades de quedar artificial y forzada.
  • No es partidario de las clases de escritura: considerado a sí mismo como autodidacta a base de leer, cree que en las clases de escritura acabas poniendo en tela de juicio tu prosa y tu proyecto constantemente. Sobre este punto, creo que las clases de escritura son un arma de doble filo para los escritores: por un lado, en ellas se puede aprender mucho; pero, por otro, pueden avivar el síndrome del impostor que todos tenemos, al compararnos, de forma consciente o no, con nuestros compañeros.

En definitiva, tanto si te gusta Stephen King como si no, este libro es imprescindible en la estantería de libros que tengas con manuales que te sirvan para mejorar en el oficio.

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