Entrevistas, Más literatura

«Muchos consideran la corrección un servicio caro y prescindible»

Como producto, un libro ha de salir al mercado con unos estándares de calidad mínimos porque, admitámoslo, a nadie le gusta pagar por algo a medio hacer. Es por ello que un libro debería pasar por todos los procesos literarios básicos e imprescindibles antes de ponerse a la venta y, uno de ellos, es la corrección del texto, que va mucho más allá del autocorrector.

L. M. Mateo, una de las personas con las que hablé para conocer más sobre esta profesión, me confesó que «se metió en esto por pasta». No por hacerse rica, sino por ser una salida profesional que le gustaba.


Entre otros, ha trabajado con Ana González Duque en su manual Productividad para escritores, con Esther Magar en Las semillas del rencor, con Adella Brac en Hadas Errantes, y con la asociación Pórtico.

En su web da consejos de estilo, ortotipografía y escritura en general.


¿Qué es para ti la profesión de correctora?

Era esto o la industria del sexo (como empresaria, que una no da la talla para ponerse delante de una cámara), y en la segunda había mucha competencia.

Ahora en serio, desde pequeña siempre quise trabajar en algo relacionado con el mundo editorial y, como todos, esperaba que fuera como escritora. Algo de eso sigue quedando, pero nunca imaginé que trabajar como correctora pudiera ser tan gratificante para mí.

¿Qué tipo de correcciones haces? ¿Ortotipográfica, de estilo o ambas?

Realizo los dos tipos de corrección, además de revisiones de pruebas, informes críticos, informes editoriales y mentorías para escritores. Vamos, lo normal si solo vives de esto.

Si realizas varias, ¿cuáles son las principales diferencias entre ellas?

Esto nos da para otra entrada, así que mejor te dejo una de Mariana Eguaras donde lo explica a las mil maravillas.

Si no lo has mencionado en el punto anterior, ¿cuáles suelen ser las tarifas con las que trabajas?

Depende del tipo de servicio y, en el caso de las correcciones, de la intervención que necesite el texto, pero el rango medio para una corrección de estilo y ortotipográfica ronda los 2,7 € / 1000 matrices + IVA.

Nunca imaginé que trabajar como correctora pudiera ser tan gratificante para mí

¿Qué procedimiento sigues a la hora de corregir un texto? ¿Cuánto tiempo de media te lleva hacer una corrección?

Cuando contratan las dos correcciones (estilo y ortotipografía) le doy un mínimo de dos y un máximo de cuatro repasos. Trabajo siempre con el control de cambios activado para que los autores vean el total de las intervenciones y uso las notas para explicar algunas cuestiones normativas y realizar sugerencias de estilo que abarquen más de un par de frases. En la primera vuelta siempre me centro en corregir el estilo (aunque si detecto errores ortotipográficos también los marco), ya que el tipo de lectura es diferente. Le paso el texto al autor para que acepte o rechace los cambios, o que haga sus propias sugerencias. Cuando me lo devuelve, decidimos si se da otra vuelta de estilo o nos centramos ya en la corrección ortotipográfica pura y dura. De pasar a la segunda fase, nos ponemos de acuerdo en algunos puntos (mayúsculas controversiales, uso de cursivas, preferencia por una voz u otra en palabras biacentuales, etc.) para que quede unificado en el texto, le doy una vuelta completa y se lo vuelvo a enviar al autor. En este punto normalmente hemos terminado, aunque hay textos que requieren de muchísima intervención y le damos otro repaso rápido para comprobar que no se nos haya escapado nada.

Hacer una media del tiempo que me lleva es casi imposible porque depende de la extensión del texto y de lo «limpio» que esté. Hay trabajos que se pueden hacer en dos semanas, hay otros que necesitan seis o incluso ocho. Cuanto más pulidos llegan el estilo y la ortotipografía, menos tiempo necesitamos, pero siempre advierto de que las prisas son malas compañeras: no pretendas que corrija 50 000 palabras a fondo en cinco días laborables si no te has molestado en aprender lo más básico de la gramática y la ortografía de nuestra lengua. Las jornadas maratonianas llevan a cometer muchos errores, y que cometa errores no es bueno para que yo mantenga mi negocio ni para ti como escritor/a/e.


Como autora de no ficción, L. M. Mateo se ha lanzado con PEPU: Pesadillas de estilo que producen urticaria

Si crees que tu prosa es perfecta, estás de enhorabuena: necesitas este libro para darte un buen baño de realidad.
Pesadillas de estilo que producen urticaria (PEPU) es un manual dirigido a autores noveles, y no tan noveles, en el que explico en qué consiste una corrección de estilo literario y analizo los errores más comunes de una manera amena, divertida y con ejemplos: desde elementos que recargan y afean la prosa hasta cuestiones de léxico, sintaxis, sonoridad y ritmo.
Para que tu texto brille más, y tus lectores lloren menos.


¿Tienes alguna manía?

Lo que deberías preguntarme es «¿Qué manía no tienes?».

¿Qué es lo mejor de ser correctora? ¿Y lo peor?

Lo mejor: pagar las facturas a final de mes. Bueno, vale, no es cierto: a veces las consigo pagar por los pelos. Lo mejor es ayudar a mis clientes a que sus textos queden bien pulidos. Y cuando encuentras uno que ya es bueno de por sí, es un reto conseguir que resplandezca.

Debería decir que lo peor es abrir un libro que has corregido por una página cualquiera y encontrarte «la errata». O que te avisen de que se te ha pasado algo gordo. Pero son gajes del oficio y hay que aprender a convivir con ellos. Lo peor de verdad es tener que decirle a un cliente que no puedes corregir su texto porque no hay texto o porque está en una fase tan temprana que necesita una reescritura. O que debería coger su novela, meterla en un cajón, sellarlo con silicona y no volver a abrirlo jamás. Normalmente, lo decimos con palabras más elegantes y menos claras, pero no deja de ser doloroso.

¿Crees que esta profesión está infravalorada dentro del proceso de creación de un libro?

Gran parte de que muchos no la valoren se debe a que cualquier persona con una licenciatura o grado o a la que se le dé mínimamente bien la lengua cree que puede corregir un texto. Y luego llegan los desastres. Que haya profesionales (o eso dicen) que cobran un precio muy por debajo del necesario para sacar un sueldo mínimo a final de mes y que se ven obligados a trabajar a destajo (y, por tanto, a bajar la calidad) o en B tampoco ayuda.

Lo peor de verdad es tener que decirle a un cliente que no puedes corregir su texto porque no hay texto o porque está en una fase tan temprana que necesita una reescritura

Muchos lo consideran un servicio caro y prescindible. Olvidan que el precio viene marcado por los impuestos que pagamos y por nuestra necesidad de pagar cosas tan caprichosas como el alquiler, la comida o la luz (esa con la que funciona nuestro PC para hacer las correcciones). Y lo más importante: olvidan que esta es una profesión especializada. Y repito: especializada. Y las especializaciones se pagan.

Eso sí, durante los años que llevo dedicándome a esto, he observado dos tendencias: cada vez más gente se preocupa por contratar nuestros servicios para obtener resultados profesionales, y quien contrata a una buena profesional de la corrección ya nunca prescinde de esta fase.

Existe una creencia en torno a que la corrección es escribir un texto de nuevo y que, por lo tanto, los correctores son los verdaderos escritores. ¿Qué opinas de ello?

Un buen corrector de estilo no hace reescrituras, solo hace sugerencias que los/as/es escritores/as/es deben aceptar o rechazar. En caso de reescribir algún párrafo en concreto, debe explicar el motivo para que el autor/a/e decida si acepta o no el cambio.

Si el texto necesita una reescritura importante, no debería iniciar el proceso de corrección. A veces nos llegan textos tan mal que tenemos que hablar con sus autores para que los reescriban y no saben cómo hacerlo. Y ahí es donde iniciamos esa maravillosa relación mentora – autora donde nos odiamos y amamos a partes iguales.

Cada vez más gente se preocupa por contratar nuestros servicios para obtener resultados profesionales

Algunas personas que se dedican a la corrección también escriben y han publicado libros. En este caso, ¿quién corrige al corrector/escritor?

Otros correctores profesionales. Ver tus propias erratas es casi imposible, y quien se dedica a esto, y además publica, lo sabe bien. En mi caso, trabajo con varias compañeras de confianza que conocen mis manías, lo que nos ahorra tiempo. Me he encontrado con gurús que creen que al dedicarse a corregir no necesitan de correctores, lo que indica una seguridad en sí mismos rayana a la prepotencia, y que no dudan nada de su trabajo. Y si en este trabajo no dudas, mi querida florecilla, no eres un buen profesional.

Para finalizar, ¿hay algo que te gustaría añadir?

Creo que has hecho preguntas clave, así que solo me queda darte las gracias por haber dejado que me pasara por este espacio para darle más visibilidad a esta profesión. ¡Muchas gracias!

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